El verdadero poder político de la Rectoría de la USAC
- abril 9, 2026
- 0
La rectoría de la USAC es una plataforma que permite influir en las leyes, dictar quién imparte justicia, decidir quién controla las elecciones y administrar miles de millones
La rectoría de la USAC es una plataforma que permite influir en las leyes, dictar quién imparte justicia, decidir quién controla las elecciones y administrar miles de millones
Por la Redacción | Radar Digital
La Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) se encuentra en el ojo del huracán. El intenso debate político, legal y social que rodea la figura de Walter Mazariegos y el control de la rectoría ha paralizado a la única universidad pública del país. Para quienes observan desde fuera de la comunidad sancarlista, la crisis puede parecer un simple conflicto estudiantil o administrativo. Sin embargo, la realidad es mucho más profunda.
Lo que está en juego no es solo la administración de los campus o la dirección académica de los estudiantes. El verdadero botín es el inmenso poder político que la Constitución Política de la República de Guatemala le otorga a la silla del rector.

Para dimensionar por qué esta elección se disputa con la misma fiereza que la presidencia del país, es necesario entender cómo el diseño institucional guatemalteco convirtió al rector de la USAC en uno de los actores políticos más poderosos de la nación.
En Guatemala, la Corte de Constitucionalidad (CC) es el máximo tribunal. Sus fallos no pueden ser apelados y tienen el poder de frenar decisiones del Presidente, del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia.
El Artículo 269 de la Constitución establece que la CC está conformada por cinco magistrados titulares. Uno de esos cinco magistrados es elegido directamente por el Consejo Superior Universitario (CSU) de la USAC. Quien preside el CSU y dirige sus sesiones es el rector. En la práctica, esto le otorga al rector una influencia directa sobre el 20% de la corte que define el destino legal y político de todo el país.

El sistema guatemalteco utiliza las «Comisiones de Postulación» para filtrar y elegir a las máximas autoridades del sistema de justicia, control y elecciones. El rector de la USAC no solo tiene un asiento asegurado en estos procesos, sino que, por mandato legal, preside comisiones clave.
El caso más crítico es el Tribunal Supremo Electoral (TSE). El Artículo 137 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos dicta que la comisión encargada de elegir a los magistrados del TSE será presidida por el rector de la USAC. Quien controla la presidencia de esta comisión controla la metodología, el ritmo de evaluación y el manejo de la nómina final que llegará al Congreso. En resumen: el rector de la USAC es el principal filtro de quienes contarán los votos en las elecciones generales.
Además, el peso institucional de la universidad le da al rector poder de negociación en la elección del Fiscal General, Contralor General de Cuentas y magistrados de la Corte Suprema de Justicia.
Redactar una ley y presentarla al Congreso para su aprobación es un privilegio reservado para muy pocos. En Guatemala, solo tienen este poder los diputados, el Presidente de la República, la Corte Suprema, el TSE y la Universidad de San Carlos de Guatemala (Artículo 174 de la Constitución).
A través del Consejo Superior Universitario, el rector actúa como un actor legislativo de facto. Tiene la capacidad legal de proponer reformas o nuevas leyes de impacto nacional, obligando al Congreso a conocerlas y debatirlas.


Finalmente, el poder político en Guatemala está intrínsecamente ligado al poder económico. La Constitución (Artículo 84) le garantiza a la USAC un presupuesto no menor al 5% de los ingresos ordinarios del Estado.
Estamos hablando de uno de los presupuestos institucionales más grandes del país. A esto se le suma la autonomía universitaria (Artículo 82), que le permite a la USAC autogobernarse. Esto otorga a la administración central de la universidad un margen de maniobra administrativa, financiera y de contrataciones que muy pocos ministerios de Estado poseen.
Cuando se observa este panorama, la crisis actual cobra todo el sentido. La rectoría de la USAC es una plataforma que permite influir en las leyes, dictar quién imparte justicia, decidir quién controla las elecciones y administrar miles de millones de quetzales.
El pulso actual por el control de la universidad, materializado en la figura de Walter Mazariegos, trasciende por completo el ámbito académico. Es, en esencia, una batalla por una de las cuotas de poder más grandes y determinantes en la estructura política del Estado de Guatemala.
El pulso actual: Reelección, señalamientos de fraude y la resistencia sancarlista
Es precisamente bajo esta sombra de inmenso poder que se debe leer la reciente reelección de Walter Mazariegos para el periodo 2026-2030. Su continuidad se ha concretado en medio de graves señalamientos de fraude electoral, acusaciones por carecer de idoneidad legal para el cargo y tácticas de exclusión sistemática, mediante las cuales se utilizó al Consejo Superior Universitario para bloquear la participación de cuerpos electorales opositores y forzar una votación a puerta cerrada en Antigua Guatemala. Como respuesta a lo que consideran un secuestro total de la institución, las agrupaciones estudiantiles, docentes y colegios de profesionales han rearticulado su resistencia. A través de pronunciamientos oficiales, plantones en la sede central y convocatorias a manifestaciones pacíficas, el estudiantado busca acuerpar la defensa de la autonomía y exigir la nulidad del proceso, enfrentándose incluso a la criminalización, el uso de gases lacrimógenos y la represión policial. Para la comunidad universitaria, el rechazo a Mazariegos trasciende la figura del rector; es una trinchera desesperada para evitar que la única universidad estatal termine consolidándose como un botín definitivo al servicio de las redes de poder político y judicial que operan en Guatemala.

