Actualidad Editorial Política

Atol con el dedo: el deporte nacional que más practicamos en Guatemala

  • enero 28, 2026
  • José Mérida
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Es necesario tomar un tiempo para reflexionar entre todo el contenido que consumimos a diario.

Atol con el dedo: el deporte nacional que más practicamos en Guatemala

En Guatemala nos encanta el atol. Atol de elote, arroz con leche, leche con chocolate… pero si hay uno que consumimos con devoción es el atol con el dedo. Ese que nos dan desde hace años mientras vemos cómo se malgastan nuestros impuestos y recursos en una historia que parece no tener final.

Cambian los gobiernos, no las mañas.

Da igual quién llegue al poder: el discurso cambia, los rostros se renuevan, pero el fondo sigue intacto. Y lo más grave es que como sociedad hemos convertido la política en un clásico de fútbol. Fanatismo puro. Cada quien defendiendo su camiseta, insultando al rival y olvidando que aquí no se juegan tres puntos, sino el futuro del país y el de las próximas generaciones.

De políticos a influencers: likes antes que resultados

En los últimos años la política mutó. Las redes sociales lo cambiaron todo. Algunos dejaron de ser funcionarios para convertirse en influencers de tiempo completo. Videos bien editados, frases emotivas, héroes de pantalla… y una sociedad distraída consumiendo contenido mientras los problemas reales quedan fuera de cuadro.

Se nos olvida algo básico: gobernar no es un show, es un trabajo. Y debería hacerse con excelencia, no con filtros.

El espejismo del vecino: “que venga Bukele y nos arregle”

En redes abundan los elogios a gobiernos vecinos, especialmente El Salvador. Lo digo con conocimiento de causa: estuve allí recientemente y la seguridad se siente, la tranquilidad se respira. Pero también escuché a la gente: no todo es miel sobre hojuelas. Como en cualquier país, hay luces y sombras.

Aun así, hay quienes llegan al extremo de pedir que otro presidente venga a “rescatarnos”. Y aquí es donde hay que frenar en seco.

El problema no es el gobierno, somos nosotros.

Los políticos y los gobiernos no aparecen por generación espontánea. Son el reflejo de la sociedad. Antes de ser funcionarios, fueron ciudadanos. Antes, hijos. Antes, estudiantes. El problema estructural de Guatemala tiene nombre y apellido: nuestra sociedad.

Mientras sigamos normalizando malas prácticas, celebrando la trampa, justificando lo incorrecto y esperando soluciones mágicas, puede gobernarnos quien sea… y nada va a cambiar.

Un país que se cae a pedazos también se reconstruye desde abajo.

Tal vez el cambio no empiece en el Palacio Nacional, sino en la casa, en la calle, en el trabajo, en cómo actuamos cuando nadie nos ve. Pequeños o grandes cambios hoy pueden ser los primeros ladrillos para reconstruir un país que se nos cae a pedazos.

Creer todavía es un acto de rebeldía.

Me gusta creer que el cambio es posible. No fácil, no rápido, pero posible. Tal vez el primer paso sea dejar de pedir atol con el dedo… y empezar a exigir responsabilidad, comenzando por nosotros mismos.

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